Es necesario buscar estrategias para elevar la eficiencia del uso del nitrógeno en campo: Leonardo Lugo Gaxiola

 

Como se mencionó la semana pasada, los fertilizantes nitrogenados han tenido un aumento considerable en su precio respecto al ciclo pasado. Particularmente, en el caso del amoniaco, siendo este uno de los más utilizados, el cual presenta un incremento de casi el 20% con respecto al año anterior.

Este fenómeno impacta a la agricultura a nivel mundial, debido a que la falta generalizada del nitrógeno en los suelos agrícolas ha provocado, en parte, el aumento de la demanda de fertilizantes nitrogenados químicos, lo cual puede justificar sus elevados precios.

A pesar de que dichos fertilizantes son los preferidos por los agricultores, sus dosis excesivas y la baja eficiencia en su aplicación, han causado situaciones desfavorables como la degradación de algunos recursos naturales como: agua, suelo y medio ambiente.

Además, se debe considerar que el fertilizante, es uno de los rubros más representativos en el cultivo de maíz, contribuyendo en el rendimiento, pero también al encarecimiento de los costos de producción, sin olvidar que también que su costo va de la mano a los constantes aumentos en los precios en los combustibles, por lo tanto, las labores de aplicación se deben de racionalizar.

De acuerdo con la FAO, este año se calcula una demanda mundial de fertilizantes nitrogenados de 119 millones de toneladas. Tan solo en América del Norte, se utilizarán unas 300,000 toneladas adicionales de fertilizantes nitrogenados en 2018.

En este contexto, los productores sinaloenses necesitan buscar estrategias para elevar la eficiencia del uso del nitrógeno en campo, mismo que actualmente ronda solo el 35%, por lo que se desperdicia la mayor parte de lo aplicado. Una mayor eficiencia reduciría la contaminación, pero también tendría beneficios económicos al amortiguar el alza del insumo en el costo de producción de maíz. Para ello, Leonardo Lugo Gaxiola, Coordinador Técnico del Centro Internacional de Mejoramiento de Maíz y Trigo (CIMMYT), compartió para esta sección, los elementos clave para formular dichas estrategias:

  • Tipo de suelo:

Barrial: Suelos arcillosos, son mejores que aluvión en la retención del nitrógeno como amonio.

Aluvión: Suelos limosos, normalmente tienen una mayor reserva de nitrógeno ya que tienen más alto contenido de materia orgánica que suelos de barrial.

  • Fecha de siembra:

Se tiene conocimiento de que las fechas con mayor potencial de rendimiento, rondan entre la segunda semana de noviembre hasta la primera semana de diciembre.

  • Tipo de riego:

Dar riegos moderados para evitar el lavado y desnitrificación en el perfil de suelo, se recomiendan tiradas de no más de 250 metros en terrenos relativamente planos o nivelados. Se recomienda también, evitar la aplicación de nitrógeno en los riegos de auxilio debido a que su eficiencia es muy baja (más baja que en aplicación en suelo).

  • Fenología del cultivo:

En el desarrollo del cultivo de maíz, desde la siembra hasta el cierre de cultivo (etapas v6-v8) alcanza a absorber cerca del 20% de nitrógeno de todo el ciclo, y, desde el cierre del cultivo hasta la floración, puede llegar a consumir el 70%. Alrededor del 50% del nitrógeno aprovechado, se da entre el cierre de cultivo y floración, por lo tanto, es en ese momento clave que se busca tener la mayor eficiencia de la aplicación del nitrógeno.

  • Método de aplicación:

El método de aplicación más eficiente del nitrógeno es inyectado o enterrado (en banda), las aplicaciones al voleo o en riego tienen pérdidas muy altas.

  • Dosis:

En rendimientos promedio de 11 a 11.5 ton/ha no es necesario aplicar dosis superiores a 350 kg/ha de N, estos niveles de rendimiento podrían ser alcanzados con dosis entre los 250 y 300 kg/ha de N.

Ahora bien, en rendimientos altos y muy altos de 12 a 16 ton/ha, se justifica la aplicación de 300 a 350 kg/ha de N. Sin embargo, existen casos particulares donde se pueden producir estos rendimientos con 280-300 kg/ha de N bien fraccionados.

  • Fraccionamiento:

Se ha encontrado que fraccionando el nitrógeno 1/3 en siembra, 1/3 en cierre de cultivo y 1/3 en desarrollo se ha tenido mejor resultado que al aplicar 1/2 en siembra y 1/2 en cierre de cultivo.

Otro método igual de bueno que el anterior y más práctico, es el fraccionamiento de nitrógeno al 30% a la siembra y 70% al cierre de cultivo.

 

Adicionalmente, es recomendable hacer labores de diagnóstico con la tecnología de sensores ópticos, ya que estas herramientas permiten identificar las necesidades de fertilización de cada terreno en específico, y de esta manera encontrar una dosis óptima. El objetivo de esta tecnología es encontrar la cantidad de fertilizante que se necesita para completar la demanda del cultivo, en relación con las reservas de este en el suelo.

 

El CIMMYT ha realizado algunas pruebas de validación del sensor Greenseeker en el estado de Sinaloa, dando por resultado que se pueden seguir logrando altos rendimientos con una menor aplicación de fertilizantes nitrogenados si se hace de forma más precisa. Los equipos más especializados que se utilizan actualmente para medir los niveles de fertilidad nitrogenada en los cultivos alcanzan los 120,000 dólares, no obstante, existen aparatos que se colocan en un tractor convencional que cuestan alrededor de los 30 mil dólares y otros lectores manuales que oscilan de 500 a 5,000 dólares.

Los fertilizantes nitrogenados más comúnmente utilizados son:

Amoniaco: 82% de nitrógeno

Urea: 46% de nitrógeno

Sulfato de Amonio: 20.5% nitrógeno

UAN: 28 a 32% de nitrógeno

 

Nota publicada el domingo 3 de diciembre del 2018, en el periódico Noroeste por parte del Departamento de Estudios y Análisis Económicos de la AARC.